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PASILLOS

Santino Guglieri


Corría. Corría por esos pasillos, esos oscuros pasillos, uno tras otro, tras otro, tras otro, todo tan monótono, tan igual, todos los pasillos parecían iguales. Pero algo lo perseguía. ¿Qué lo perseguía? No estaba seguro. ¿Y si lo que lo perseguía no era real? Quizás eran imaginaciones suyas, quizás aquella persecución no era real. Quizás todo terminaría si se detenía, o por lo menos sabría que lo perseguía. Estaba a punto de hacerlo cuando pensó que a lo mejor esa cosa que lo perseguía era real, que le quería hacer daño, así que siguió corriendo.

Entonces escuchó el ruido de un teléfono. Siguió el ruido hasta que encontró la habitación donde estaba. Cerró la puerta, pero no vió nada. No había ningún teléfono en la habitación ni se escuchaba nada. ¿Y si todo era un sueño? Una pesadilla, quizás estaba en la seguridad de su cama. O quizás se había vuelto loco y todo eso era un delirio. O a lo mejor el teléfono había sido una alucinación o su memoria lo engañaba. No tenía pruebas de que hubiera estado realmente ahí, solo su memoria ¿y qué tan confiable era la memoria humana? Podía estar auto convenciéndose de que había habido un teléfono, también podía pasar lo mismo con su perseguidor, ahora no escuchaba nada de él, ¿y si su perseguidor solo existía cuando huía de él?

Salió de la habitación, sin saber muy bien porque. Sintió algo de pánico, ahora no estaba en la seguridad de la habitación, donde lo que lo perseguía no podía alcanzarlo. Cerró los ojos, mientras deseaba con fuerza que todo fuese un sueño, que pronto se despertara, no quería que el monstruo lo encontrara. Por un momento casi le pareció sentir que estaba acostado en su cama, todo era un sueño, todo debe ser un sueño. Pero cuando abrió los ojos solo vio el pasillo, ese pasillo igual a otros tantos pasillos. Se dio la vuelta, buscando la segura habitación, pero solo estaba la lisa pared. No podía ser.

Entonces, lo sintió. Sentía que estaba detrás de él. Quería huir, pero no podía, estaba paralizado. Sintió que una mano fría le tapaba la boca.

“-Shh, no grites”.

Fuente: revista.elarcondeclio.com.ar